Los Inútiles
Estábamos en esa semana de mierda que no vale para nada que hay entre Nochebuena y Nochevieja y, para variar, no tenía ni idea de qué comprar a mis padres. Después de mucho meditar, tuve la brillante idea (maldito día ése) de regalarles a mis padres un nuevo teléfono fijo, ya que el que tenían (“regalado” dos años antes por Vodafone) funcionaba peor que la única neurona que le queda a Sergio Ramos.
Vi que para poner un teléfono normal, de los de toda la vida, necesitaba comprar la caja de voz de Vodafone… que ya no vendían. La otra opción era cambiar del modelo Manhattan al de VoIP. Y eso hice. Y puedo asegurar que fue una de las peores decisiones de toda mi vida (después de estudiar informática).
Se supone que era algo sencillo. Yo daba de baja mi ADSL actual y acto seguido me daban de alta el nuevo. Que tardaban dos días, eso me decían.
Para enterarme de todo esto necesité, sin exagerar, unas 5 llamadas y hablar con teleoperadores de, así a ojo, tres países.
Siete (sí, no eran dos) días después me dieron de baja el ADSL. No pasaba nada, en dos días lo tendría de nuevo.
Y tres días después les llamé de nuevo. Que qué raro que no tenga usted ADSL todavía, señor, que ahora hablo con un técnico. Que el técnico me dice que están en ello. Que en dos días lo tiene. Que gracias por confiar en Vodafone.
¿Y sabéis qué? ¡Tres días después seguia sin línea! Vuelta a empezar. Desde el 123 (que es el teléfono de Satanás, intuyo) volvían a hablar con sus “técnicos”. Sospechosamente me preguntaban por un cambio de domicilio. Creo que ya sabéis en cuántos días iba a estar resuelto. Les dije que tomaran nota del estado de mis gónadas con tanta tontería y que en tres dias me daría de baja. Se la sopló épicamente y buenas tardes señor y gracias por confiar en Vodafone.
Tres días después, volví a llamar a mis colegas del cono sur para ver qué tal iba todo. Pero esta vez pedí hablar con bajas. Simplemente te transfieren la llamada, pero antes has de contar toda la puta película de terror a esa persona que te atiende y no sabe ni de lo que le estás hablando. Volví a confirmar que no había ningún cambio de domicilio (me lo preguntaron tantas veces que al final me mudo mañana, habrá post sobre ello), que lo de los dos días ya no colaba y que quería que cancelaran todo. Y me convencieron. Los granujas me convencieron para seguir. Esta vez por lo menos ya me dijeron que eso tardaba unas tres semanas, que lo de los dos días era un fake nivel boda de Paquirrín.
Y pasó una semana. Y como les echaba de menos, les llamé. Esta vez al 22155, directamente a los del ADSL. Y van los tipos y me sueltan que ya lo tengo activado todo y que buenas tardes y que sea muy feliz en mi nuevo domicilio. Como no me funcionaba, hablé con soporte técnico y -¡sorpresa!- me dijeron que no lo tenía activado, que, para variar, me habían mentido.
A esas altura os podéis imaginar que los tenía más hinchados que el rediós, así que llame a Movistar como quien llama a Batman. Necesitaba que, por favor, me aceptaran en su compañía, que en Vodafone me trataban peor que a Iniesta en San Mamés y me mentían más que un político. Y todo se iba a resolver, me iba con ellos y todo volvía a ser de color de rosa.
Y me llamaron al día siguiente.
Vodafone no les daba mi numero porque estaba desactivado hasta que me dieran de alta.
Me cagué en todo y llamé para que esa panda de mentirosos me cancelaran el alta y me dejaran de nuevo el numero fijo. Que envíe un fax, señor, y que pase una buena tarde y que si he cambiado de domicilio.
Desesperado, llamé de nuevo al dia siguiente al 22155. Y me volvieron a decir que está activado. Prácticamente les mandé a tomar por culo, pero con educación, que yo no tengo internet de calidad pero soy educado.
Conseguí hablar con otra persona. Una chica andaluza. ¡Una española a la que podría entender! Majísima ella y seguro que era hasta guapa, me dijo que todo lo que me habían dicho hasta ese momento era mentira y que perdonase, que ese proceso tardaba 25-35 días y en ese tiempo tendría que tener ya el alta completada. También me habló del cambio de domicilio, pero se lo perdoné porque me dijo que no me iban a cobrar.
Todo esto la semana pasada.
Bien. Como os he dicho, mañana me mudo, así que ayer contraté un nuevo ADSL. Sí, con Vodafone. Soy gilipollas, lo sé. Pero es que si le quitamos el 123, Vodafone es el Barça de las operadoras de telefonía.
Y esta mañana me llega un SMS diciendo que el alta se iniciaba y bla bla bla. No me podía creer que en 15 horas esta nueva alta fuera más rápida que un cambio de modalidad de ADSL que llevaba 3 semanas.
Así que esta tarde les he vuelto a llamar. Una hora de teléfono, 5 ó 6 personas distintas atendiéndome y cada una contándome una mentira más gorda. Creo que esta peña se lleva comisión por trollear.
Sorprendentemente, me dicen que no han recibido la petición del alta y que hable con el departamento de bajas, que cuando dejaran de atender amagos de portabilidad y regalar iPhones me explicarían qué ocurría. Y me explicaron. Me explicaron que la solicitud de alta se había cancelado.
Nueva llamada a otro departamento y ya no me queda ningún teleoperador sin saludar y preguntarme si me cambio de casa.
Bueno, la tía que me atendió no tenía edad ni para coser balones de Nike. Eso o que no daba para más. Que no sabía lo que quería y que ya me llamarían luego. Yo ya me descojonaba al teléfono y le decía que no me creía nada. Y que no, que todavía no me había mudado.
Y, por fin, hace una hora he conseguido que alguien se entere de lo que quiero. Que no quiero el ADSL, que me la suda, que quiero el número fijo para poder largarme de esta cárcel.
Reactivación solicitada.
¿Sabéis cuando tendré activo mi número fijo? Sí, en dos días.
PD: Perdonad las posibles faltas, pero escribo desde un iPhone sacado a Vodafone con un amago porque no tengo ADSL para escribir desde el ordenador.

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