Me monté en el Metro a eso de las 9:10 y me puse, como siempre, en el primer vagón.
Pues resulta que en el suelo había una mochila vieja, sin nadie cerca. Y me quedé mirándola. Os podeis imaginar lo que pensé.
No podía parar de mirar a la mochila. Creo que se me notaba el miedo desde lejos. Al lado mío, a metro y medio de la mochila (que seguía sola en el suelo), había unos viejillos que también miraban a la mochila de vez en cuando. Yo crei que también estaban acojonados, con lo que mi acojone se multiplicó por X, pues pensé que poco a poco todo el mundo se daría cuenta.
A las 9:25 llegué a la estación donde me bajaba. Menudo alivio.
Ah, la mochila era de los viejillos que estaban a mi lado…
Dice Missi que es terrible vivir así, con miedo. No lo sé, a mi es la primera vez que me pasa, nunca me había sentido así y, joder, se pasa muy mal, tiene que ser terrible vivir así constantemente. No quiero ni imaginar lo que habrá pasado la gente que cogió algún tren de las líneas de los atentados los días después del 11-M.
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Yo recuerdo el siencio que se podía masticar en el tren los días posteriores al 11-M. La gente miraba al resto con cara rara, imagino que todos teníamos el miedo en el cuerpo. Besillos.