Hoy se me ha acabado el contrato en el curro.
Hoy me han renovado el contrato en el curro.
Esta mañana quería tomar un café, como siempre, para desayunar, pero ayer olvidé dejar café hecho, por lo que he tenido que desayunar… nada.
Día que empieza sin café: día que va a ser un desastre.
Y he salido de casa, sin peinarme ni lavarme los dientes por pura desidia. Y esto último es un poco lamentable. Pagando más de 30 mil pelas al dentista por cuatro empastes y hoy no me lavo los dientes.
Genial.
Me he dormido en el bus, pero no pasaba nada, porque bajo en la última parada.
He tenido demasiado stress en el trabajo, donde, como he dicho, me han renovado. Creo que por última vez.
Aunque no lo sé.
He comido solo porque nadie más iba a comer fuera a esa hora (a las 13.30) y he ido a buscar algún libro a la Casa del Libro, pero no me gustaba ninguno de los que estaban en la sección novedades. Y estaba demasiado cansado como para agacharme a buscar otro en la sección de no novedades.
Anoche recibí unos 10 SMS que me pusieron la cabeza loca.
Hoy otros 3 ó 4 que me la han vuelto a poner en su sitio.
Y, al llegar a casa, me he visto en el espejo de la entrada. Despeinado, con la camiseta por fuera del pantalón, tirada de cualquier forma, la chaqueta en un brazo dándome igual que se cayera o no.
Sin gomina, con ojeras.
Sin sonrisas, con asco.
Un par de cicatrices y sería la viva imagen del Narrador del Club de la Lucha, que, por cierto, termino hoy de leer.
Y no tengo ningún otro libro que leer, así que leeré ‘Charlie y la Fábrica de Chocolate’.
Y mañana por la mañana vienen mis padres.
Es genial. Se me acaba la libertad.
Necesito un cambio de aires.
Unas vacaciones.
Una Copa de Europa.
Una PlayStation 3.
Unas hostias.
Algo.
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