El buen samaritano

Escrito por Jon | Ego | Jueves 7 Septiembre 2006 19:49
Empezaba el día como casi toda esta semana, llamando y controlando a un par de clientes para quitar algo que parecía imposible de quitar. Y, no sé como, se quitó (o lo quité, supongo). Luego a comer al bar donde suelo ir casi siempre cuando voy solo. Me reí un poco con Los Simpson porque Homer le envió una postal a Marge en la que salía una tía que se suponía que en el mundo de los seres amarillos de cuatro dedos está buena y en la postal ponía ‘Wish you were her’.
Hasta aquí todo bien.

Vuelvo al curro y me comentan que nos quitan uno de los ‘turnos de hosteleria’ (de 10.30 a 20.00). Genial.

Y que, efectivamente, la de la semana pasada fue la última renovación que firmé. Desde el martes tengo contrato indefinido. Todo bien. La vida puede ser maravillosa, Salinas.

Pero… a las seis y media, más o menos, me voy a casa. Voy a coger el bus y no sé qué le ocurre que no funciona y tenemos que esperar al siguiente y una chica que creo que no tiene ni 20 años pero es bastante guapa y, de hecho, está bastante buena, me pregunta que por qué se va el bus y le digo que porque está jodido y me dice que para una vez que me monto en el autobús… y sonríe y me jode un poco no tener 20 años, pero se me olvida rápido. Y viene el siguiente bus y una chica en silla de ruedas me pregunta si le puedo ayudar a subir. Y en ese momento se resquebraja, de nuevo, todo mi caparazón. Centímetro a centímetro. Cacho a cacho. Gramo a gramo.

Todo el puto viaje, desde el principio hasta el final, pienso en lo mucho que me quejo para la suerte que tengo.
Quiero decir que si yo fuera en una silla de ruedas, posiblemente me suicidaría. No podría aguantar depender continuamente de otras personas. Por dios, ¡si me aterroriza el hecho de llegar a tener novia sólo por miedo a acabar dependiendo de ella!

Y así me paso todo el trayecto: bastante deprimido y sintiendome triste por sentirme triste cuando supongo que debo estar alegre porque mi vida es prácticamente perfecta y creo que tengo todo lo que quiero (en todos los sentidos) y mis únicas preocupaciones diarias son saber qué disco escucharé en el iPod, qué ropa me puedo poner y por dónde saldré el fin de semana.

Y encima me quejo.

Y me he sentido tan mal y tan egoísta que cuando me han llamado para ir a tomar algo, he dicho que no, porque estoy cansado de los ‘a tomar algo’ y porque sé lo que va a pasar y porque estoy hasta los cojones de (uy, censura).

Gatibu – Besoak zabalik

2 comentarios »

  1. Escrito por nosue — Septiembre 8, 2006 @ 12:54

    Te entiendo, supongo q es parte del ser humano no estar conforme con lo q tenemos… a veces siento pasar el tiempo… el tiempo que yo elijo como invertir… y q sin embargo no me convence… supongo que es algo parecido a lo de que “quien más tiene, más quiere…”, es decir, si las posibilidades fueran menores, nos conformaríamos con menos… sin duda… pero bueno, el hecho de plantearse la suerte que tenemos, ya es un paso…
    (yo tb firmaría los 20…)

  2. Escrito por Jon — Septiembre 9, 2006 @ 14:58

    Yo firmaría más los 15 y volver al instituto. Eso sí que era vida !

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