Y todavía habrá gente que lo dude.
Ni Atlético de Madrid, ni Betis, ni Valencia, ni Boca, ni River, la mejor afición del mundo la tiene el Athletic.

El miércoles, desde primera hora de la mañana, Bilbao estaba lleno de gente con su camiseta. Daba igual que fueran a clase, a currar o no tuvieran nada que hacer. Todo dios con la camiseta.
Y si eso ya me sorprendió, lo de la tarde directamente me llegó al corazón. Miles (no exagero) de personas por la calle con banderas, camisetas, cantando, ilusionados, todos con su equipo. Increíble.
Yo iba a ver el partido en casa, porque la Copa del Rey no es un trofeo que me interese demasiado, pero el ambiente en la Gran Vía me enchufó y no tuve más remedio que bajar a verlo a un bar. Y bajé con la camiseta de Henry. Y acabé con una del Athletic, con su bufanda y cantando el himno con los amigos.
Fue la primera vez que, a pesar de alegrarme por la victoria, me jodió que fuera por un resultado tan abultado (y eso que, viendo el partido, se quedó corto).
Esa tarde, cuando veía a tanta gente ilusionada, me recordó a la ilusión que tenía yo por la final de París. Y no miento cuando digo que si esta Copa la hubiese ganado el Athletic no me hubiese dolido demasiado. Porque imaginé que para ellos esto sería como fueron para mí los goles de Eto’o y Belletti en la final de París o el de Iniesta en el milagro contra el Chelsea.
Mucha, muchísima gente en Bilbao no ha visto a su equipo ganar un título. Yo he visto varios. Ligas, Copas, Recopas, Champions. Incluso ha habido Ligas que casi ni he celebrado, Copas que prácticamente me han dado igual. Pero me he emocionado y he llorado con las Copas de Europa y las ligas de Tenerife y la del penalty de Djukic. Y esa sensación (aunque mucha gente no la entienda) es MUY GRANDE.
Joder, esta gente se merece que su equipo gane un título.